Las anécdotas de viajes, esas que uno se olvida pero cuanco mira las fotos dice "nooooooo te acordas de..." suelen pasar en momentos muy particulares.
Hubo una noche en Humahuaca de muchísima lluvia, al otro día había que madrugar para partir a un lugar de cuento llamado Iruya, y no teníamos forma de llegar con tanta lluvia al camping que estaba como a un kilómetro por camino de barro (muuuuuuuucho barro), encima, para sumarle a tantas horas de humedad, hacía un frío que se calaba en los huesos. Lo bueno es que como era plena época de carnaval, había joda y muchísima gente en el centro hasta más tarde que de costumbre, lo que posibilitaba que la lluvia parase antes de tener que volver a dormir. Bueno... la lluvia nunca paró.
Ante la medida de emergencia, nos metimos con un "conocido de viaje" (ya estará en algún próximo blog) a un barcito/restarurant Humahuaqueño llamado "La antigua casona" y, ante tanto frío a 2000 metros sobre el nivel del mar, decidimos optar por un vinito para calentar los cuerpos carnavaleros.
Cabe aclarar que pasando salta y llegando a jujuy se hace casi imposible conseguir en lugares comunes algún vino que no sea el "Vino Toro" en sus dos variantes tinto y blanco en cajita o botella... es alcohol de quemar, pero encima de peeeeeesima calidad. En otros viajes hemos concordado muchos acampantes que tiene extrañas propiedades y hace cosas raras en la gente. (sacando que la botella ¡¡¡tiene tapa a rosca!!!)
Ya era bastante tarde, la gente empezaba a desaparecer y en "La Antigua Casona" cerraron las puertas, quedando adentro: mi amiga, yo y mi conocido de viaje (en una mesa al fondo) y tres lugareños adelante, conocidos del dueño, tocando cancioncitas con la guitarra. Desde el vamos todos eramos muy distintos, ellos del lugar, nosotros "turistas" ellos tocando la guitarra, nosotros al fondo hablando pavadas, pero algo en común, todos sin excepción, como si fuera la pipa de la paz, tomando el vino del torito
La foto de hoy, es la vívida representación de esa noche. Tienen para disfrutar: el ángulo de la foto desde nuestra mesa, donde se ven las botellas del extraño elixir; adelante, la mesa de los lugareños y yo bailando con uno de ellos (creo que una cahcarera). ¿quién era? ¡¡¡el comisario de Humahuaca!!!
De más está aclarar que nunca lo volví a ver (gracias a dios nunca intercambiamos mails)
p.d: hace meses que cerca de casa hay un graaaaaaan cartel de Vino Toro tinto en carton y botella... cada vez que paso en el colectivo, se me pianta el lagrimón...
Hubo una noche en Humahuaca de muchísima lluvia, al otro día había que madrugar para partir a un lugar de cuento llamado Iruya, y no teníamos forma de llegar con tanta lluvia al camping que estaba como a un kilómetro por camino de barro (muuuuuuuucho barro), encima, para sumarle a tantas horas de humedad, hacía un frío que se calaba en los huesos. Lo bueno es que como era plena época de carnaval, había joda y muchísima gente en el centro hasta más tarde que de costumbre, lo que posibilitaba que la lluvia parase antes de tener que volver a dormir. Bueno... la lluvia nunca paró.
Ante la medida de emergencia, nos metimos con un "conocido de viaje" (ya estará en algún próximo blog) a un barcito/restarurant Humahuaqueño llamado "La antigua casona" y, ante tanto frío a 2000 metros sobre el nivel del mar, decidimos optar por un vinito para calentar los cuerpos carnavaleros.
Cabe aclarar que pasando salta y llegando a jujuy se hace casi imposible conseguir en lugares comunes algún vino que no sea el "Vino Toro" en sus dos variantes tinto y blanco en cajita o botella... es alcohol de quemar, pero encima de peeeeeesima calidad. En otros viajes hemos concordado muchos acampantes que tiene extrañas propiedades y hace cosas raras en la gente. (sacando que la botella ¡¡¡tiene tapa a rosca!!!)
Ya era bastante tarde, la gente empezaba a desaparecer y en "La Antigua Casona" cerraron las puertas, quedando adentro: mi amiga, yo y mi conocido de viaje (en una mesa al fondo) y tres lugareños adelante, conocidos del dueño, tocando cancioncitas con la guitarra. Desde el vamos todos eramos muy distintos, ellos del lugar, nosotros "turistas" ellos tocando la guitarra, nosotros al fondo hablando pavadas, pero algo en común, todos sin excepción, como si fuera la pipa de la paz, tomando el vino del torito
La foto de hoy, es la vívida representación de esa noche. Tienen para disfrutar: el ángulo de la foto desde nuestra mesa, donde se ven las botellas del extraño elixir; adelante, la mesa de los lugareños y yo bailando con uno de ellos (creo que una cahcarera). ¿quién era? ¡¡¡el comisario de Humahuaca!!!
De más está aclarar que nunca lo volví a ver (gracias a dios nunca intercambiamos mails)
p.d: hace meses que cerca de casa hay un graaaaaaan cartel de Vino Toro tinto en carton y botella... cada vez que paso en el colectivo, se me pianta el lagrimón...

"La curda que al final
termina la función
corriéndole el telón al corazón"

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