domingo, octubre 29, 2006

Otro día de estrellas y whiskys

Introducción
Salíamos de Humahuaca para Yavi (un ,más que, interesante pueblito cerca de La Quiaca). Mientras despedía a mi amor viajero en la terminal -esos que no se nos aparecen un lunes de junio... no, solamente aparecen los miércoles de febrero- esperábamos "El Panamericano"... Bueno, si,convengamos que no era EL MICRO...
El viaje no fue de lo mejor (De Humahuaca a La Quiaca, en micro de paradas, mientas la altura avanza, al igual que el frío) pero convengamos que mi coequiper y yo le pusimos garra; nos sentamos en los apoya brazos, cantamos como locas temas de riff... etc, etc.
Entre idas y vueltas -y conocidos que entrarán en otra edición- llegamos a Yavi, una noche, de hermosa luna de carnaval. Logramos armar la carpa, y nos dispusimos a dormir, con un nuevo inquilino que enganchamos en el camino.

Parte I
Nos despertamos en el Camping Municipal de Yavi (mi coequiper, el inquilino y yo), pero había un problema... el viaje de Humahuaca a La Quiaca había sido complejo... y los que me conocen lo saben, no tengo suficiente carne como para bancarme 3 horas sobre el apoyabrazos de un asiento. Así que lo único que me salió en esa IMPRESIONANTE mañana fue un "¡cómo me duele el culo!" si... lo que me olvidé es que las carpas son una gran comunidad y no solamente murieron de risa mi acompañante y el inquilino sino tambien los jóvenes de la carpa de unos metros más allá. Lo que hizo que horas después me pregunten "¿a vos es a la que le dolía el culo hoy a la mañana?" jeje y así comenzó una amistad viajera. Dos minutos después estabamos los habitantes de las dos carpas compartiendo un rico vino y cantando con la guitarra una simpática variación del carnavalito que decía algo así como "llegando esta el carnaval quebradeño mi cholita, fiesta de la quebrada concha pelada para garchar. Quena, charango y bombo y un buen porongo te voy a dar...".
Después de comer y bañarnos (que en el caso de mi carpa era más que necesario para seguir teniendo sentido del olfato) mi compañera se fue con el inquilino en una infructuosa búsqueda de caballos y yo me fui a investigar por ahí con mis nuevos amigos.

Parte II
Se nos fue viniendo la noche y entre una espectacular preparación de guiso, con solos de guitarra incluidos y tangos a capella cantados por mí (si,no se rían... pero sépanlo, cuando estoy relajada en el medio del paisaje canto muchísimo mejor que en la gran ciudad con smog) nos fuimos colgando de cada una de las estrellas que andaba por ahí.

Tanto en el norte argentino como en el sur, las estrellas se ven de un modo inmejorable, miles de millones, estrellas fugaces y un sinnúmero de elementos cósmicos se hacen pre
sentes. Así que con uno de los músicos de la carpa contigua nos fuimos a la cancha de futbol cerca nuestro para tirarnos a ver el cielo.
¿Qué les puedo decir? esos son momentos irremplazables, imposibles de reproducir con fotos o con historias, en ese momento eramos el cielo, él y yo, hablando de pavadas, de cosas serias, de la vida, del tango, de Buenos Aires, de tanto que ya casi no me acuerdo nada y en ese instante, en ese preciso momento de extrema profundidad estelar, en el medio de un descampado, mientras en todo Yavi se iban apagando todas las luces de las calles, se me aparece alguien parado al lado... pero al lado al lado. Fue como la imagen de una pelicula mala de terror, de esas en las que destripan a alguien y ese alguien en este caso vendría a ser yo y en consecuencia mi acompañante. Apenas veo esa silueta en el medio de la obscuridad total, me tapo con la bolsa de dormir en la que estaba y digo "boludo hay alguien" a lo cual, el otro, en vez de transformarse en un salvador de chicas destripadas se murió de miedo conmigo y empezó a preguntar "quién esta ahí quién está ahi" y el otro infeliz que estaba parado no contestaba, mientras tanto nosotros dos estabamos próximos a un paro cardíaco cada uno. Después de dos minutos de extrema confusión el boludo que estaba parado decidió hablar y resultó ser uno de sus compañeros de carpa que simplemente había ido a buscar una botella de bebida espirituosa que teníamos en nuestro poder.
Con mi compañero de noches estrelladas la amistad siguió, pero por mails o MSN, prácticamente no nos hemos visto más... tal vez, si nos hubieramos conocido por alguna calle de Buenos Aires o en algún espectáculo de tango, todavía el día de hoy compartiríamos, muy seguido, mates, guisos y whiskys.




Les presento a mi compañero de noches estrelladas,
al supuesto destripador
y al perro, que creo que se llamaba, waldo...
un lujo haberlos conocido

martes, agosto 22, 2006

Tus atardeceres rojos... se acostumbraron mis ojos...

Una de las cosas más maravillosas de los viajes es la sorpresa constante. Aveces muy gratas, aveces sorpresas desastrozas, otras veces sorpresas sorpresivas... una constante que nunca falla.

Un año, uno más de mis años norteños, habíamos planeado, estando en Amaicha del Valle (o "Amaicha City" como le habíamos apodado) ir desde ahí a las ruinas de los indios Quilmes y desde ahí a Cafayate (ya Salta), pero por estas vueltas sorpresivas del destino viajero conseguimos una impensada escala intermedia.

Para los que nunca fueron, las ruinas de los indios quilmes pertenecen (Al igual que el Pucara de Tilcara) a ese tipo de ruinas "restauradas", pero más que restauradas, rearmadas al punto que se puede poner en duda algunas cosas que vemos en ellas a simple vista. Restauraciones estéticas, no historicas. Para vender mayormente, no para guardar registros históricos.

Conseguimos en la farmacia de ese bello pueblo un volante que decía que, por una suma ínfima de dinero, ese trayecto que queríamos hacer estaba pensado.
Pero al otro día por la mañana, Antonio, el que hacía esos viajes nos dijo que no había nadie más aparte de nosotras que quisiera hacerlos, pero que nos ofrecía hacer el otro "tour" un poco más caro, pero que incluía Colalao del Valle y El Pichao junto con las ruinas de los Condor Huasi. Ambas viajantes aceptamos ... y ahí comenzaron los cambios de planes y algunas impresionantes sorpresas...

Ya en viaje llegamos a las ruinas de Quilmes. Imponenetes. Esa es la palabra que la describe para los que no vivimos cerca de Cuzco o nunca fuimos por ahí. Parece chiste pero la energía se siente y recorríendolas uno empieza a entender cómo los Españoles no pudieron con ellos hasta mediados del 1600.
Comimos algo, mientras unos jejenes del tamaño de cucarachas voladoras zumbaban en mis oídos, como haciéndome saber que ese lugar me pertenece muy poco y el "estás de paso" suena mejor. ¿el paisaje? descampado, increíble, alucinante...

Continúa el viaje con Antonio y sus tres pequeños. Solamente me acuerdo los nombres de dos de ellos, el más grande Leopoldo y la más pequeña María Eugenia (de 4 o 5 años). Y llegamos a Colalao del Valle... Nos sentamos los seis a comer, y mientras tanto Antonio nos contaba cosas de la provincia, de qué había pasado en los últimos diez años por ahí, qué cosas veía que le iban pasando a las comunidades indígenas que quedaban mientras el turismo aumenta aumenta y aumenta.
Termina la comida, la gaseosa y los niños haciendo lío en el patio de la señora que gentilmente nos alimentaba y al pichao, a dejar las mochilas, a seguir con esa "confianza absoluta" que uno tiene por esos lugares (confianza tan poco capitalina).

El Pichao resultó ser un pueblito diminuto de cuento, de callecitas con mini puentecitos en los ríos, con fiestas del membrillo, gente que tenía luz eléctrica desde hacía demasiado poco tiempo y te saludaban por la calle siempre, aunque no te conocieran, como gesto de cordialidad (guarda con no devolver esos saludos).

Bajamos de la camioneta y Antonio en vez de cerrar ventanas y puertas o buscar llaves para "hermetizar" su auto, empezó a bajar los vidrios... nos miró y nos dijo "para que ellos confíen en mi, tengo que mostrarles que yo confío en ellos".

Y a empezar a caminar, a cruzar un río (señor Río) y ahí entendí todo, lo de la confianza infinita, lo de las concesiones a las ruinas de hace siglos a empresas extranjeras o locales para que hagan lo que quieran (Como en las de quilmes que hasta hotel 4 estrellas tiene). Ahí frente a nosotros estaban las ruinas de los Condro Huasi (que significa "casa de cóndores").
Cuando nos paramos en frente lo único que vimos fue un cerro... a lo cual nos miramos con mi compañera como pensando que nos habían currado. Ahí no había nada... no había nada restaurado, no había nada con el "efecto hollywood". empezamos a escalar el cerro, no tenía camino hecho así que se hizo muy complejo, más de una vez casi caigo rodando de unos cuantos cuantos cientos metros de altura, pero no, no pasó. Los cactus que había en todo el recorrido llegaban a los 3 metros de altura (parecían esos de los dibujitos animados jaja).
Seguimos subiendo a pesar del cansancio, a pesar de la advertencia de Antonio de "traten de no pincharse con un cactus que no sabemos si son alérgicas y sin corticoides acá arriba se mueren..." glup. A pensar de todo, seguimos, nos metimos en sus "pucarás", esos pseudo balconcitos para ver cuándo hay enemigos, levantamos cerámicas que pertenecían por lo menos de hace 400 años atrás, y las volvimos a dejar en el lugar (como se debe) hasta que en un momento, muy cerca de lo más alto, los tres nos sentamos a mirar y ¿qué vimos muy muy muy cerca nuestro? dos cóndores planeando, parecía que nos planeaban a nosotros, parecían extras en una excelente película.

La foto de hoy, me la sacaron con Antonio, en ese preciso momento que los mirábamos planear a metros nuestro...

Después de ese día puedo decir que viví una de las caminatas más hermosas de toda mi vida que logró llenarme todos los sentidos.

¡Gracias Antonio! (por donde quiera que andes ahora)
prefiero los caminos
a las fronteras...

sábado, julio 15, 2006

Entre copas . . .

Las anécdotas de viajes, esas que uno se olvida pero cuanco mira las fotos dice "nooooooo te acordas de..." suelen pasar en momentos muy particulares.

Hubo una noche en Humahuaca de muchísima lluvia, al otro día había que madrugar para partir a un lugar de cuento llamado Iruya, y no teníamos forma de llegar con tanta lluvia al camping que estaba como a un kilómetro por camino de barro (muuuuuuuucho barro), encima, para sumarle a tantas horas de humedad, hacía un frío que se calaba en los huesos. Lo bueno es que como era plena época de carnaval, había joda y muchísima gente en el centro hasta más tarde que de costumbre, lo que posibilitaba que la lluvia parase antes de tener que volver a dormir. Bueno... la lluvia nunca paró.
Ante la medida de emergencia, nos metimos con un "conocido de viaje" (ya estará en algún próximo blog) a un barcito/restarurant Humahuaqueño llamado "La antigua casona" y, ante tanto frío a 2000 metros sobre el nivel del mar, decidimos optar por un vinito para calentar los cuerpos carnavaleros.

Cabe aclarar que pasando salta y llegando a jujuy se hace casi imposible conseguir en lugares comunes algún vino que no sea el "Vino Toro" en sus dos variantes tinto y blanco en cajita o botella... es alcohol de quemar, pero encima de peeeeeesima calidad. En otros viajes hemos concordado muchos acampantes que tiene extrañas propiedades y hace cosas raras en la gente. (sacando que la botella ¡¡¡tiene tapa a rosca!!!)

Ya era bastante tarde, la gente empezaba a desaparecer y en "La Antigua Casona" cerraron las puertas, quedando adentro: mi amiga, yo y mi conocido de viaje (en una mesa al fondo) y tres lugareños adelante, conocidos del dueño, tocando cancioncitas con la guitarra. Desde el vamos todos eramos muy distintos, ellos del lugar, nosotros "turistas" ellos tocando la guitarra, nosotros al fondo hablando pavadas, pero algo en común, todos sin excepción, como si fuera la pipa de la paz, tomando el vino del torito

La foto de hoy, es la vívida representación de esa noche. Tienen para disfrutar: el ángulo de la foto desde nuestra mesa, donde se ven las botellas del extraño elixir; adelante, la mesa de los lugareños y yo bailando con uno de ellos (creo que una cahcarera). ¿quién era? ¡¡¡el comisario de Humahuaca!!!

De más está aclarar que nunca lo volví a ver (gracias a dios nunca intercambiamos mails)

p.d: hace meses que cerca de casa hay un graaaaaaan cartel de Vino Toro tinto en carton y botella... cada vez que paso en el colectivo, se me pianta el lagrimón...



"La curda que al final
termina la función
corriéndole el telón al corazón"



viernes, julio 07, 2006

...a brindar con su silla vacía...

Sacando esos primeros amores adolescentes medio sacados (esos que tiene llantos, gritos, quilombo etc.) y cambiando de etapa, en la que uno ya puede diferenciar un poco más los enconchamientos y enamoramientos del enamorarse enserio, puedo decir que dos veces en mi vida me pasó de sentir que la persona que tenía enfrente era todo lo que quería para pasar el resto de mis días con alguien (o por lo menos una, si es que la perspectiva temporal es necesaria). Esas personas por las que uno haría sacrificios extraordinarios, sólo para despertarse a la mañana con ese alguien abrazandonos.
Casualidad, causalidad o vaya uno a saber por qué, a estas dos personas "las conocí de viaje".

Una recomendación para todo aquel que disfruta de los "placeres de la carpa". Nunca, pero NUNCA se vayan de camping en invierno al norte argentino... lo mas posible es que se caguen tanto de frío como me cagué yo en su momento.

Un invierno decidí irme unos días a Salta a la casa de mi papá, a distenderme un poco de facultad y todo ese torbellino de cosas que a una empiezan a perseguirla después de terminar el secundario (proceso que tengo la sensación al día de hoy que nunca va a terminar y el día de mañana van a preguntar "¿de qué murió Paola?" y alguien cercano respondera "de 'proceso después de secundario"). Unos días después se plegó mi hermana y nos fuimos juntas al Dique Cabra Corral. Con la carpa, unos bolsos, bolsas de dormir, FRAZADAS y cosas como un tuper con salchichas y choclos cocinados y huevos duros que cuando fuimos a comerlos tenían los sabores cambiados: el huevo tenía gusto choclo, la salchicha a huevo y el choclo a salchicha.

La verdad es que pondría un montón de especificidades acerca de este maravilloso lugar pero no creo que sean demasiado interesantes para muchos.

En nuestra bella estadía conocimos, en una tarde de caminata de 7 km hasta "el puente", al protagonista de hoy. Esta persona, en ese momento vivía en el dique bastante alejado de la realidad de la ciudad, de la realidad del pueblo... la verdad... bastante alejado de la realidad en general. Esa tarde paseamos en velero por el dique, y a la noche "hicimos" un asado en su casa. (éramos unos cuantos, mi hermana, yo, su primo, un amigo de ellos y ... él) Nosotros dos nos quedamos hablando alrededor de las brasas hasta altas horas de la madrugada, venciendo la impunidad del frío en esa zona, con una chapa llena de carbones colorados que miraban la sensación térmica y le sacaban la lengua.
Esa noche, tanto mi hermana como yo nos quedamos a dormir ahí. Al otro día pasamos por el camping (a 8 km de distancia) y "el primo" muy amablemente nos llevó de regreso a Salta capital para que nuestras vidas siguieran su curso normal.

Habíamos intercambiado mails. Así que a mi vuelta a la "ciudad de la furia" nos empezamos a escribir. Aunque no muy seguido, era una linda compañía, recibir de vez en vez, un mail suyo, contándome lo lindo que estaba el dique o alguna locura de su primo.
Un día... así como si nada, no hubieron más mails. (Cosa a la que hoy todavía no encuentro explicación).

Pasaron dos años -casi exactos-. Dos años sin ver a alguien que uno conoció unos pocos días, es mucho tiempo. Digamos que es el tiempo del olvido. Uno tranquilamente puede dejar que el tiempo siga y siga pasando y esa persona finalmente, se iría diluyendo en la memoria hasta desaparecer.
Pero, (por suerte alguien inventó infinidad de peros) cuando ya todo era parte de una gran nube de olvidos, volví al Dique, a ese lugar que separa la realidad de absolutamente todo. Y una tarde, después de comer (obviamente en el camping, con mi carpa y mis cartas de poker) busqué un teléfono, una guía, llamé al dique y lo encontré.

Casualmente, fue la semana más fría del año en Salta (ni les cuento en el dique). Pero, siendo una noche 4 en la carpa (él, yo, mi amiga y su amigo), tomando un vino oriundo de Cafayate en tazas de camping compartidas y él mirándome a los ojos, diciendo que a mí "me construiría un palacio al lado de su casa".

Es extraño, pero volví a Bs As y pasó lo mismo que la primera vez. Volví a los 6 meses al Dique y se repitieron secuencias casi iguales. Volví al año y lo mismo. Y siempre siempre, con momentos de cuentos de hadas, con castillos, el príncipe que vivía en un paraíso, con un mago, personajes mitológicos como el hombre cebra... Volví a comienzo de este año y... creo que me convencí, y aprendí que no hay nada más que hacer. En otra vida seguro será más interesante no conocernos viajarnos. No sé, ser vecino, o compañeros del colegio.

La foto concuerda con el año que estuve ahí con una amiga, que en un momento del viaje, después que nos lo cruzamos me dijo: " Pao, nunca en mi vida vi a alguien mirar con la sonrisa que lo mirás vos, ¿es el amor de tu vida?" a lo cual yo le contesté "no puede ser el amor de mi vida si solamente soy yo la que lo quiero a él".
"... que tardé en aprender a olvidarte,
19 días y 500 noches..."

sábado, julio 01, 2006

De noches sin lunas...

Hay algunos factores en los viajes, que hacen, que la primera parada pueda no ser el momento más feliz en la vida de una persona.

Lo que antecede a esta foto son: 30 horas de tren Bs. As.- San Miguel de Tucumán, a la llegada, dos horas de espera en la terminal de esa ciudad (que les juro no es el lugar más feliz del planeta... perdón tucumanos "leyentes") y luego, viaje al hermoso lugar denominado "Tafí del Valle" y acá hay un detalle importantísimo que es poco positivo para el viajante con carpa... llegar de noche y... noche sin luna a un lugar desconocido.

Los que vivimos en ciudades grandes y tuvimos la suerte de conocer pueblos chicos o ir al campo sabemos que una noche sin luna es la noche mas obscura del mundo.

Ahora... llegamos a la terminal de tafí y no entendíamos ni dónde estábamos paradas. Preguntamos dónde había un camping y la primera frase era "pasás el guarda ganado..." como buena cucaracha asfáltica de ciudad masivamente pedorra pensé "para qué mierda quiero pasar por un lugar donde van las vacas, a dónde mierda estará el camping" y todo el resto de lo que me decían ni siquiera lo registré. Obviamente, pasamos por el famosísimo guarda ganado (casi tan famoso como la modelo 'Marcela Brane') y nos enteramos que esa cosa con regitas en el piso lo era cuatro cuadras después de seguir buscándolo.

Otro detalle a tener en cuenta, para los que no tuvieron viajes del tipo mochileros/carperos, es que en la primera parada es donde la mochila está más pesada, más mal armada y menos idea tenes dónde están las cosas y siempre va a ser el momento donde el camping está más cuadras cuesta arriba

Tafí no era la excepción, así que sin tener mucha idea dónde realmente estaba el camping empezamos a subir y subir y subir (sin contar que, ya en Tafí, la altura no es como en Bs. As.).
Encontramos el camping, encontramos lugar para acampar... peeeeeeeeeeeeero no se veía nada alrededor y se escuchaba ruido de agua, algo así como un río cerca. Pero "cerca" en un lugar como ese, puede ser media cuadra o dos kilómetros y si estábamos poniendo la carpa a media cuadra de un río lo más probable es que nos despertáramos empapadas flotando en vaya uno a saber qué lugar.

En ese momento, con ese desconcierto total, empezamos a abrir las mochilas para sacar todos los instrumentos armadores de carpas (léase martillo) y ahí apareció mi protagonista del día de hoy. Un personaje AN TO LÓ GI CO llamado "Guillermo Federico del Mundo". Les hablo de una persona que empezó a contarnos un viaje por el amazonas, que para dormir tenía que atarse en los árboles (mientras nos mostraba las cuerdas con las que lo hacía), que terminó desde no se que país centroamericano tomándose un barco y trabajando de herrero en Europa. No tengo idea si sus historias eran ciertas, pero la verdad, tenía una personalidad simil duende en la que realmente no importa que tan verídico o no sea lo que dice, nos envolvía, era como estar viendo el señor de los añillos pero desde adentro de la película.
La noche terminó repartiendo entre tres un Vino San Telmo, regalo exclusivo, pre viaje, de mi amiga Pic y como broche de oro antes de la foto, Guillermo Federico nos pidió que le guardaramos su sandwich de mortadela en la carpa para que no se lo coman los perros (¡!) y a la mañana amaneció durmiendo al lado de nuestra carpa, al aire libre adentro de su bolsa de dormir.

Parece que fue poco, pero me acuerdo muchas cosas de este personaje. Cumple años el 9 de julio y me dijo algo que lo recuerdo todos los días cuando me levanto, fue un consejo que necesitaba en ese momento, miró y me lo dijo a mi como si en realidad fuera un angelito de la guarda que bajó solamente para que yo supiera que no estoy sola, rematando su estadía con un "la clave, está simplemente en la constancia. Con todo y Para todo esa es la clave".

¿si lo volví a ver? no. Si así fuera, seguramente hoy no estaría escribiendo sobre él.

Con ustedes.....
Guillermo Federico "del Mundo"

domingo, junio 25, 2006

En algún parador hay que comenzar

Viajes... tuve de varios tipos: de los que uno planea muchísimo y salen totalmente diferentes, de los que uno no planea y se olvida la mitad de cosas en el camino, de los que uno planea y los giros del camino le dan un revés impresionante, tuve de esos de "me desperté y me fui a retiro a sacar un pasaje". Y un común denominador en todos, siempre siempre, conocí a alguien.

Tengo una teoría que, claro, tiene sus excepciones. Pero en general se ha convertido en un patrón común. No importa cuánto conozca uno a alguien en un viaje, no importa que tanto la relación pueda extenderse un poco más allá de las fronteras de ese viaje, lo más posible, es que nunca prospere. Y no necesariamente es algo negativo. Pero cuando uno está ahí, en un camping, una excursión, un hotel o una vereda cree que eso es imposible que no sea para siempre. De eso se trata este blog, de lo increíbles que podemos ser todos para el resto y lo increíble que son algunos, con nosotros, sin siquiera saberlo.

Les voy a presentar las personas más maravillosas (maravillosas enserios), mis mejores amores (de los que más me enamoré en mi vida), amistades sentidas desde el corazón (y más que eso) que por la "teoría común de conocido en viaje" físicamente no forman más parte de mi vida, pero los tengo presentes cada día que salgo a ver si hay sol afuera. Y presentes enserio, pienso en muchísima gente, con nombre, apellido y fecha de cumpleaños que en algún momento espero volverme a cruzar y decirle cuánto me acordé de ellos todos los días.

Para que lo disfruten y tengan tan claro como yo, que algunos recuerdos pueden ser para toda la vida (y eso no tiene nada de malo).

Dique Cabra Corral (Salta)
Se los presento
(uno de mis primeros grandes amores)