Introducción
Salíamos de Humahuaca para Yavi (un ,más que, interesante pueblito cerca de La Quiaca). Mientras despedía a mi amor viajero en la terminal -esos que no se nos aparecen un lunes de junio... no, solamente aparecen los miércoles de febrero- esperábamos "El Panamericano"... Bueno, si,convengamos que no era EL MICRO...
El viaje no fue de lo mejor (De Humahuaca a La Quiaca, en micro de paradas, mientas la altura avanza, al igual que el frío) pero convengamos que mi coequiper y yo le pusimos garra; nos sentamos en los apoya brazos, cantamos como locas temas de riff... etc, etc.
Entre idas y vueltas -y conocidos que entrarán en otra edición- llegamos a Yavi, una noche, de hermosa luna de carnaval. Logramos armar la carpa, y nos dispusimos a dormir, con un nuevo inquilino que enganchamos en el camino.
Parte I
Nos despertamos en el Camping Municipal de Yavi (mi coequiper, el inquilino y yo), pero había un problema... el viaje de Humahuaca a La Quiaca había sido complejo... y los que me conocen lo saben, no tengo suficiente carne como para bancarme 3 horas sobre el apoyabrazos de un asiento. Así que lo único que me salió en esa IMPRESIONANTE mañana fue un "¡cómo me duele el culo!" si... lo que me olvidé es que las carpas son una gran comunidad y no solamente murieron de risa mi acompañante y el inquilino sino tambien los jóvenes de la carpa de unos metros más allá. Lo que hizo que horas después me pregunten "¿a vos es a la que le dolía el culo hoy a la mañana?" jeje y así comenzó una amistad viajera. Dos minutos después estabamos los habitantes de las dos carpas compartiendo un rico vino y cantando con la guitarra una simpática variación del carnavalito que decía algo así como "llegando esta el carnaval quebradeño mi cholita, fiesta de la quebrada concha pelada para garchar. Quena, charango y bombo y un buen porongo te voy a dar...".
Después de comer y bañarnos (que en el caso de mi carpa era más que necesario para seguir teniendo sentido del olfato) mi compañera se fue con el inquilino en una infructuosa búsqueda de caballos y yo me fui a investigar por ahí con mis nuevos amigos.
Parte II
Se nos fue viniendo la noche y entre una espectacular preparación de guiso, con solos de guitarra incluidos y tangos a capella cantados por mí (si,no se rían... pero sépanlo, cuando estoy relajada en el medio del paisaje canto muchísimo mejor que en la gran ciudad con smog) nos fuimos colgando de cada una de las estrellas que andaba por ahí.
Tanto en el norte argentino como en el sur, las estrellas se ven de un modo inmejorable, miles de millones, estrellas fugaces y un sinnúmero de elementos cósmicos se hacen presentes. Así que con uno de los músicos de la carpa contigua nos fuimos a la cancha de futbol cerca nuestro para tirarnos a ver el cielo.
¿Qué les puedo decir? esos son momentos irremplazables, imposibles de reproducir con fotos o con historias, en ese momento eramos el cielo, él y yo, hablando de pavadas, de cosas serias, de la vida, del tango, de Buenos Aires, de tanto que ya casi no me acuerdo nada y en ese instante, en ese preciso momento de extrema profundidad estelar, en el medio de un descampado, mientras en todo Yavi se iban apagando todas las luces de las calles, se me aparece alguien parado al lado... pero al lado al lado. Fue como la imagen de una pelicula mala de terror, de esas en las que destripan a alguien y ese alguien en este caso vendría a ser yo y en consecuencia mi acompañante. Apenas veo esa silueta en el medio de la obscuridad total, me tapo con la bolsa de dormir en la que estaba y digo "boludo hay alguien" a lo cual, el otro, en vez de transformarse en un salvador de chicas destripadas se murió de miedo conmigo y empezó a preguntar "quién esta ahí quién está ahi" y el otro infeliz que estaba parado no contestaba, mientras tanto nosotros dos estabamos próximos a un paro cardíaco cada uno. Después de dos minutos de extrema confusión el boludo que estaba parado decidió hablar y resultó ser uno de sus compañeros de carpa que simplemente había ido a buscar una botella de bebida espirituosa que teníamos en nuestro poder.
Con mi compañero de noches estrelladas la amistad siguió, pero por mails o MSN, prácticamente no nos hemos visto más... tal vez, si nos hubieramos conocido por alguna calle de Buenos Aires o en algún espectáculo de tango, todavía el día de hoy compartiríamos, muy seguido, mates, guisos y whiskys.


Les presento a mi compañero de noches estrelladas,
al supuesto destripador
y al perro, que creo que se llamaba, waldo...
un lujo haberlos conocido
y al perro, que creo que se llamaba, waldo...
un lujo haberlos conocido





