sábado, julio 15, 2006

Entre copas . . .

Las anécdotas de viajes, esas que uno se olvida pero cuanco mira las fotos dice "nooooooo te acordas de..." suelen pasar en momentos muy particulares.

Hubo una noche en Humahuaca de muchísima lluvia, al otro día había que madrugar para partir a un lugar de cuento llamado Iruya, y no teníamos forma de llegar con tanta lluvia al camping que estaba como a un kilómetro por camino de barro (muuuuuuuucho barro), encima, para sumarle a tantas horas de humedad, hacía un frío que se calaba en los huesos. Lo bueno es que como era plena época de carnaval, había joda y muchísima gente en el centro hasta más tarde que de costumbre, lo que posibilitaba que la lluvia parase antes de tener que volver a dormir. Bueno... la lluvia nunca paró.
Ante la medida de emergencia, nos metimos con un "conocido de viaje" (ya estará en algún próximo blog) a un barcito/restarurant Humahuaqueño llamado "La antigua casona" y, ante tanto frío a 2000 metros sobre el nivel del mar, decidimos optar por un vinito para calentar los cuerpos carnavaleros.

Cabe aclarar que pasando salta y llegando a jujuy se hace casi imposible conseguir en lugares comunes algún vino que no sea el "Vino Toro" en sus dos variantes tinto y blanco en cajita o botella... es alcohol de quemar, pero encima de peeeeeesima calidad. En otros viajes hemos concordado muchos acampantes que tiene extrañas propiedades y hace cosas raras en la gente. (sacando que la botella ¡¡¡tiene tapa a rosca!!!)

Ya era bastante tarde, la gente empezaba a desaparecer y en "La Antigua Casona" cerraron las puertas, quedando adentro: mi amiga, yo y mi conocido de viaje (en una mesa al fondo) y tres lugareños adelante, conocidos del dueño, tocando cancioncitas con la guitarra. Desde el vamos todos eramos muy distintos, ellos del lugar, nosotros "turistas" ellos tocando la guitarra, nosotros al fondo hablando pavadas, pero algo en común, todos sin excepción, como si fuera la pipa de la paz, tomando el vino del torito

La foto de hoy, es la vívida representación de esa noche. Tienen para disfrutar: el ángulo de la foto desde nuestra mesa, donde se ven las botellas del extraño elixir; adelante, la mesa de los lugareños y yo bailando con uno de ellos (creo que una cahcarera). ¿quién era? ¡¡¡el comisario de Humahuaca!!!

De más está aclarar que nunca lo volví a ver (gracias a dios nunca intercambiamos mails)

p.d: hace meses que cerca de casa hay un graaaaaaan cartel de Vino Toro tinto en carton y botella... cada vez que paso en el colectivo, se me pianta el lagrimón...



"La curda que al final
termina la función
corriéndole el telón al corazón"



viernes, julio 07, 2006

...a brindar con su silla vacía...

Sacando esos primeros amores adolescentes medio sacados (esos que tiene llantos, gritos, quilombo etc.) y cambiando de etapa, en la que uno ya puede diferenciar un poco más los enconchamientos y enamoramientos del enamorarse enserio, puedo decir que dos veces en mi vida me pasó de sentir que la persona que tenía enfrente era todo lo que quería para pasar el resto de mis días con alguien (o por lo menos una, si es que la perspectiva temporal es necesaria). Esas personas por las que uno haría sacrificios extraordinarios, sólo para despertarse a la mañana con ese alguien abrazandonos.
Casualidad, causalidad o vaya uno a saber por qué, a estas dos personas "las conocí de viaje".

Una recomendación para todo aquel que disfruta de los "placeres de la carpa". Nunca, pero NUNCA se vayan de camping en invierno al norte argentino... lo mas posible es que se caguen tanto de frío como me cagué yo en su momento.

Un invierno decidí irme unos días a Salta a la casa de mi papá, a distenderme un poco de facultad y todo ese torbellino de cosas que a una empiezan a perseguirla después de terminar el secundario (proceso que tengo la sensación al día de hoy que nunca va a terminar y el día de mañana van a preguntar "¿de qué murió Paola?" y alguien cercano respondera "de 'proceso después de secundario"). Unos días después se plegó mi hermana y nos fuimos juntas al Dique Cabra Corral. Con la carpa, unos bolsos, bolsas de dormir, FRAZADAS y cosas como un tuper con salchichas y choclos cocinados y huevos duros que cuando fuimos a comerlos tenían los sabores cambiados: el huevo tenía gusto choclo, la salchicha a huevo y el choclo a salchicha.

La verdad es que pondría un montón de especificidades acerca de este maravilloso lugar pero no creo que sean demasiado interesantes para muchos.

En nuestra bella estadía conocimos, en una tarde de caminata de 7 km hasta "el puente", al protagonista de hoy. Esta persona, en ese momento vivía en el dique bastante alejado de la realidad de la ciudad, de la realidad del pueblo... la verdad... bastante alejado de la realidad en general. Esa tarde paseamos en velero por el dique, y a la noche "hicimos" un asado en su casa. (éramos unos cuantos, mi hermana, yo, su primo, un amigo de ellos y ... él) Nosotros dos nos quedamos hablando alrededor de las brasas hasta altas horas de la madrugada, venciendo la impunidad del frío en esa zona, con una chapa llena de carbones colorados que miraban la sensación térmica y le sacaban la lengua.
Esa noche, tanto mi hermana como yo nos quedamos a dormir ahí. Al otro día pasamos por el camping (a 8 km de distancia) y "el primo" muy amablemente nos llevó de regreso a Salta capital para que nuestras vidas siguieran su curso normal.

Habíamos intercambiado mails. Así que a mi vuelta a la "ciudad de la furia" nos empezamos a escribir. Aunque no muy seguido, era una linda compañía, recibir de vez en vez, un mail suyo, contándome lo lindo que estaba el dique o alguna locura de su primo.
Un día... así como si nada, no hubieron más mails. (Cosa a la que hoy todavía no encuentro explicación).

Pasaron dos años -casi exactos-. Dos años sin ver a alguien que uno conoció unos pocos días, es mucho tiempo. Digamos que es el tiempo del olvido. Uno tranquilamente puede dejar que el tiempo siga y siga pasando y esa persona finalmente, se iría diluyendo en la memoria hasta desaparecer.
Pero, (por suerte alguien inventó infinidad de peros) cuando ya todo era parte de una gran nube de olvidos, volví al Dique, a ese lugar que separa la realidad de absolutamente todo. Y una tarde, después de comer (obviamente en el camping, con mi carpa y mis cartas de poker) busqué un teléfono, una guía, llamé al dique y lo encontré.

Casualmente, fue la semana más fría del año en Salta (ni les cuento en el dique). Pero, siendo una noche 4 en la carpa (él, yo, mi amiga y su amigo), tomando un vino oriundo de Cafayate en tazas de camping compartidas y él mirándome a los ojos, diciendo que a mí "me construiría un palacio al lado de su casa".

Es extraño, pero volví a Bs As y pasó lo mismo que la primera vez. Volví a los 6 meses al Dique y se repitieron secuencias casi iguales. Volví al año y lo mismo. Y siempre siempre, con momentos de cuentos de hadas, con castillos, el príncipe que vivía en un paraíso, con un mago, personajes mitológicos como el hombre cebra... Volví a comienzo de este año y... creo que me convencí, y aprendí que no hay nada más que hacer. En otra vida seguro será más interesante no conocernos viajarnos. No sé, ser vecino, o compañeros del colegio.

La foto concuerda con el año que estuve ahí con una amiga, que en un momento del viaje, después que nos lo cruzamos me dijo: " Pao, nunca en mi vida vi a alguien mirar con la sonrisa que lo mirás vos, ¿es el amor de tu vida?" a lo cual yo le contesté "no puede ser el amor de mi vida si solamente soy yo la que lo quiero a él".
"... que tardé en aprender a olvidarte,
19 días y 500 noches..."

sábado, julio 01, 2006

De noches sin lunas...

Hay algunos factores en los viajes, que hacen, que la primera parada pueda no ser el momento más feliz en la vida de una persona.

Lo que antecede a esta foto son: 30 horas de tren Bs. As.- San Miguel de Tucumán, a la llegada, dos horas de espera en la terminal de esa ciudad (que les juro no es el lugar más feliz del planeta... perdón tucumanos "leyentes") y luego, viaje al hermoso lugar denominado "Tafí del Valle" y acá hay un detalle importantísimo que es poco positivo para el viajante con carpa... llegar de noche y... noche sin luna a un lugar desconocido.

Los que vivimos en ciudades grandes y tuvimos la suerte de conocer pueblos chicos o ir al campo sabemos que una noche sin luna es la noche mas obscura del mundo.

Ahora... llegamos a la terminal de tafí y no entendíamos ni dónde estábamos paradas. Preguntamos dónde había un camping y la primera frase era "pasás el guarda ganado..." como buena cucaracha asfáltica de ciudad masivamente pedorra pensé "para qué mierda quiero pasar por un lugar donde van las vacas, a dónde mierda estará el camping" y todo el resto de lo que me decían ni siquiera lo registré. Obviamente, pasamos por el famosísimo guarda ganado (casi tan famoso como la modelo 'Marcela Brane') y nos enteramos que esa cosa con regitas en el piso lo era cuatro cuadras después de seguir buscándolo.

Otro detalle a tener en cuenta, para los que no tuvieron viajes del tipo mochileros/carperos, es que en la primera parada es donde la mochila está más pesada, más mal armada y menos idea tenes dónde están las cosas y siempre va a ser el momento donde el camping está más cuadras cuesta arriba

Tafí no era la excepción, así que sin tener mucha idea dónde realmente estaba el camping empezamos a subir y subir y subir (sin contar que, ya en Tafí, la altura no es como en Bs. As.).
Encontramos el camping, encontramos lugar para acampar... peeeeeeeeeeeeero no se veía nada alrededor y se escuchaba ruido de agua, algo así como un río cerca. Pero "cerca" en un lugar como ese, puede ser media cuadra o dos kilómetros y si estábamos poniendo la carpa a media cuadra de un río lo más probable es que nos despertáramos empapadas flotando en vaya uno a saber qué lugar.

En ese momento, con ese desconcierto total, empezamos a abrir las mochilas para sacar todos los instrumentos armadores de carpas (léase martillo) y ahí apareció mi protagonista del día de hoy. Un personaje AN TO LÓ GI CO llamado "Guillermo Federico del Mundo". Les hablo de una persona que empezó a contarnos un viaje por el amazonas, que para dormir tenía que atarse en los árboles (mientras nos mostraba las cuerdas con las que lo hacía), que terminó desde no se que país centroamericano tomándose un barco y trabajando de herrero en Europa. No tengo idea si sus historias eran ciertas, pero la verdad, tenía una personalidad simil duende en la que realmente no importa que tan verídico o no sea lo que dice, nos envolvía, era como estar viendo el señor de los añillos pero desde adentro de la película.
La noche terminó repartiendo entre tres un Vino San Telmo, regalo exclusivo, pre viaje, de mi amiga Pic y como broche de oro antes de la foto, Guillermo Federico nos pidió que le guardaramos su sandwich de mortadela en la carpa para que no se lo coman los perros (¡!) y a la mañana amaneció durmiendo al lado de nuestra carpa, al aire libre adentro de su bolsa de dormir.

Parece que fue poco, pero me acuerdo muchas cosas de este personaje. Cumple años el 9 de julio y me dijo algo que lo recuerdo todos los días cuando me levanto, fue un consejo que necesitaba en ese momento, miró y me lo dijo a mi como si en realidad fuera un angelito de la guarda que bajó solamente para que yo supiera que no estoy sola, rematando su estadía con un "la clave, está simplemente en la constancia. Con todo y Para todo esa es la clave".

¿si lo volví a ver? no. Si así fuera, seguramente hoy no estaría escribiendo sobre él.

Con ustedes.....
Guillermo Federico "del Mundo"