Nicolás y su papá (Héctor) Venían viajando hacía más de treinta días por el norte, en una trafic hecha casa rodante por adentro –aunque por fuera pasaba completamente desapercibida-.Nicolás tenía en ese momento, creo que, 14 años (no no, me parece que menos…) y se había llevado varias materias a marzo, entre ellas me acuerdo de matemática y geografía (en parte del viaje iba repasando las capitales europeas para su examen) y el trato que había hecho con su mamá era que viajaba, pero en el camino iba estudiando, cosa de la que puedo dar fe.
Héctor, era profesor de matemáticas, en Santa Fe capital donde vivía y por lo que conversé con ambos, ya habían hecho varios viajes como ese, por el sur, el centro del país y algún otro lado más y Nicolás se ocupaba de anotar uno y cada uno de los gastos en un cuadernito (o libretita… ya no me acuerdo) porque, según me dijo, cuando terminaban todas las vacaciones sacaban cuentas de los gastos totales.
En medio de mi día uno, me los encontré a ambos y se ofrecieron al día siguiente dejarme en Salina Grande (camino a Purmamarca), -ellos iban a San Antonio de los Cobres y ese destino les quedaba de paso-. No les dije ni que si, ni que no. No me cerraba quedar “varada” nuevamente, pero en otra locación.Peeeeero luego de la tremenda noche que pasé ese día (ver espíritu aventurero parte I), ya no me quedaban dudas de querer irme de ahí y una vez que despedí a los garotiños en sus bicicletas me dispuse a buscar esa trafic con mis –ahora- amigos y esperar a que despertaran para aceptar su propuesta de aventón.
Mientras esperaba, mientras iba y venía rogando que no se esfumaran al despertar y los perdiera de vista, iba y venía por las calles totalmente desiertas de Susques (no se olviden que la noche anterior el mega casamiento puneño hizo estragos con los lugareños e invitados) un señor que caminaba por ahí se puso a charlarme y entre todo lo “grato” de la charla me dijo que en su país (Paraguay) las mujeres que viajan como yo, o que van así, solas por la vida, son trolas/meretrices/putas/recontraputas etc. casi casi hasta me ofrece unos pesos. Pero ya no me importaban las pavadas que pudiera decirme un paraguayo varado en Susques, estaba esperando que mis amigos se despertaran y me llevaran en parte de su viaje con ellos.
Finalmente despertaron, me aceptaron como compañera de ruta y empezamos a armar los mates que serían otra compañía más para la mañana.
No solamente me llevaron a Salina Grande. En el camino pude hacer lo que siempre quise hacer estando de viaje por el norte: parar en lugares hermosos cuantas veces quisiera, a ver llamas, a ver vicuñas, a sacar fotos de horizontes interminables, fotos de la puna…
Llegamos a Salina Grande y, aunque estaba lejos de todos lados, lejos de Purmamarca, lejos de alguna ciudad conocida, me sentí en casa, ahí no era extranjera. Eran las 11 de la mañana, enía todo el día para ver cómo seguía para continuar el viaje. Sin Embargo, a eso de las tres de la tarde no solamente había llegado a Purmamarca, ya había seguido viaje y para esa hora pisaba Tilcara, para sentirme todavía más en casa.
"He debido estar en este lugar
sin darme cuenta"







