viernes, diciembre 11, 2009

Espíritu Aventurero: Parte 1 -Garota de Ipanema-

A veces el espíritu aventurero me supera, se apodera de mí y de mis planes de viajes como si todo fuera posible en el transcurrir mochileril, pero esa idea maravillosa dentro de mí cabeza ,en la práctica se convierte... en una pelotudés. Bueno, ese verano para mí no era una “pelotudés” yo quería ir al norte, pero quería ir a la zona de Puna, no a la de quebrada.

El tema es que “la puna” no es tan turístico y no hay tanta empresa de transporte, ni alojamiento, ni infraestructura, ni ruta, ni absolutamente nada que haría que alguien vaya de turista… pero yo quería (y sigo queriendo, que conste)

Pero bueno, la terquedad le gana a las posibilidades en lo que a mí se refiere el asunto. La idea era ir desde Purmamarca (Jujuy) a Susques, también en Juj
uy camino a Chile, cerca del Paso de Jama. Comenzó mi viaje en Purmamarca, llegué en tiempo y forma, armé mi carpa nueva. Mi deslumbrante, brillante, perfecta y por sobre todo impermeable carpa nueva (que todavía en ese momento estaba pagando… me faltaban como 5 cuotas). Llegada a Purmamarca, armada la carpa, salí a caminar, en una extraña melancolía, recorrí las mismas calles que hace años recorro todos los veranos, contenta de haber vuelto, pero con un dejo extraño de tristeza. Mientras caminaba iba averiguando cómo llegar a Susques… cómo cómo cómo… unos me decían que el micro pasaba dos veces por semana, otros me decían otras cosas, pero lo conseguí. El micro pasaba a la una o dos de la tarde por la puerta de un almacén y el pasaje era baratísimo. Buenísimo, lo había conseguido, la terquedad había ganado. ¡¡ME IBA PARA SUSQUES!!

A partir de este momento, comenzaron a sucederse un par de eventos desafortunados, a los que intentaba ponerle onda, sonreía, le ponía pilas, pero nada. En esos momentos debí haber creído en las señales para dar la vuelta y abandonar, por una vez abandonar, pero no…

Y llegó el día y también llegó el micro. El micro… ay ay ay … ese micro… La edad de ese aparato era superior a cualquier automotor conocido. El trayecto que generalmente un auto hace en 20 minutos (desde purmamarca a las salinas) el micro en cuestión le puso 3 horas… sisi, TRES… al señor conductor se le ahogaba el motor, entonces íbamos a paso hombre, hombre jubilado con tres operaciones de cadera. Y cada tanto…púmbate,
se apagaba el motor, claro, iba realmente lento… a pesar de todo yo seguía sonriente, ¡¡ESTABA YENDO A SUSQUES!!... el micro desbordaba de gente de todo tipo, clase y color. El calor era algo casi insoportable, pero iba para Susques. Mientras viajaba pensaba, “llego, busco un hostel, me doy una ducha y me voy a algún lado a tomarme una cerveza…mmm que lindo que lindo, cerveza, paisaje, y por qué no una picadita”

Seis horas después, llego a Susques, tres mil y no sé cuantos más metros sobre el nivel del mar. Bajé del micro y ya no podía respirar, a cien metros, había un torneo de futbol zonal… ¿Zonal? –pensé- ¿Zonal de dónde si el pueblo más cercano está a un par de horas de acá….? Y ¿de futbol? ¿Cómo hacen para respirar? … no importaba, yo iba con mi mochila de 20 kg y la otra a buscar hostel o cama o algo y nadie me iba a detener en m
i momento de búsqueda de tal felicidad… ¿hostel? Claaaro… pero me faltaron ultimar algunos detalles antes de viajar.

Dato 1: el paso a chile estaba cerrado hacía unos cuantos días, por ende, Susques que es el último lugar antes de Jama, ese pequeñísimo pueblo en el medio de la nada, estaba LLENO de camiones ENOOORMES scania de origen brasilero, obviamente con sus correspondientes choferes brasileros.

Dato 2: Un susqueño se casaba ese día (o una susqueña, da igual), por ende el poco alojamiento existente en ese lugar ya no estaba disponible…

Dato 3: el próximo micro que salía de ahí para purmamarca, no salía hasta dentro de 48 horas.

Si señoras y señores. Estaba varada, a tres mil y algo de altura, ya sin sol, con un viento infernal, con frío, con una mochila por demás pesada, con brasileros que me invitaban a dormir a sus camiones al son de “garotiña garotiña” y sin posibilidades de volver. En un pueblo que lo único que hacía era… armar un casamiento y yo que minuto a minuto entraba cada vez más en pánico. No tenía Plan B, no existía un Plan B


Pasó alrededor de una hora y media y me encontré con dos ciclistas brasileros (yo no sé si a esta gente –la brasilera- el Mercosur le está haciendo mal, o algún fruto amazónico, o quizás hablar portugués es como estar porreado todo el día, pero fuera de su hábitat natural –osea Brasil- el oriundo de ese país se convierte en un ser extraño… ya sea camionero, ciclista o tratante de blancas) Estos ciclistas venían viajando desde no sé dónde, bueno si, desde Brasil, pero estaban hacía rato en sus bicicletas. Llegaron y tampoco tenían alojamiento, así que de alguna manera me sentí acompañada en la desgracia.

Nos pusimos los tres a buscar alojamiento. Nada, nada, nada, nada… hasta que de golpe ... SIIIII conseguimos. El problema era que solamente había una habitación. No tenía muchas opciones, era eso o dormir en el scania violeta del chofer Brasilero que insistía en mostrarme las dos plazas de su camión.

Lograda mi tan ansiada ducha, precaria, pero también necesaria y duchados ya los dos muchachos nos fuimos a comer algo acompañados de una cerveza… yo lo percibía, no iba a ser una noche tranquila, no iba a dormir tan bien como yo q
uería, estaba cansada y un poco alterada por toda la situación del día.

Terminada la cena, cerveza e invitación de los garotiños nos fuimos a dormir. Yo: cama de dos plazas. Garotiño uno: cama de una plaza a 10 centímetros de la mía. Garotiño dos: en el piso con colchón inflable y de fondo… siii señoras y señores, la eterna fiesta del casamiento susqueño.

Intenté dormir y miles de pensamientos me torturaban, ¿y si los brasileros eran violadores? ¿y si eran traficantes de órganos y me descuartizaban para llevarme en las alforjas de las bicis? ¿y si eran tratantes de blancas? Y de golpe… como a las
4 am… la cara de garotiño uno a dos centímetros de la mía, si si, su boca, cual imán de heladera queriéndose juntar con los míos… Casi muero infartada del cagaso… no dormí más y lo que me acompañó el resto de la noche fue una taquicardia contínua… lo sabía, mis órganos iba a ir a parar al cuerpo de otra persona, o peor aún, en nueve meses paría un garotiñito. Por suerte, retrocedió sobre sus pasos, yo me hice la dormida y con un ojo abierto y otro cerrado siguieron corriendo las horas.

6 am, despertadores de los celulares sonando, (¡¡al fi
n!!), garotiño uno intenta explicar su exabrupto de la madrugada, “garotiña te vi nerviosiña quise hacerte una cariciña para que estuvieras tranquiliñaa” (ese tiene verso más porteño que Gardel), los garotiños tenían que continuar su viaje sobre las bicicletas y ahora yo tenía que ver cómo empezaba a reparar mis vacaciones.

Con ustedes, la única foto que saqué de ellos…


un gesto vale más que mil palabras