sábado, febrero 17, 2007

...Donde habita el olvido...

Una de las características más locas de viajar por el NOA es que no importa si uno va solo o acompañado y de quién, siempre termina viajando con un grupo de gente que se va armando en el viaje. Y entre conocer y conocer, es más que normal que entre los comensales del camping o compañeros de micros con alguien a una le pinte el amor.

Enamorarse de viaje es complicado, porque después cuando las cosas dejan de funcionar, la memoria retiene demasiadas imagenes con fantásticos paisajes y lo que en realidad fue, por ejemplo, un tropezón cruzando el río estando con la otra persona, en el recuerdo propio pasa a ser una escena de película romántica, en cámara lenta, con sus variaciones a color, blanco y nergro y sepia. Y como ya se estarán imaginando así me pasó a mí.

No tengo idea si el hecho de las distancias realmente hacen que una persona parezca lo mejor del mundo, o si las cosas difíciles realmente me atraen tanto, la cosa es que este muchacho en
tró en la categoría de perfección, pero como no es un termino que cuadre con la situación, más precisamente voy a decir que él era mi síntesis perfecta.

Lo vi por primera vez yendo en un micro de Purmamarca a Maimará. Elegimos este destino desde purmamarca porque las buenas lenguas decían que el camping municipal tenía pileta y en momentos norteños, con el sol insolando las espaldas, la palabra "pileta" era como la cama cuando uno desfallece de sueño. Así que sin prisa y sin pausa subimos al colectivo, mi acompañante se sentó y yo me quedé parada .... y ahí lo vi, último asiento del micro, pantalones de tela con rayas de colores, sombrerito purmamarqueño y una luz alrededor...
Extrañamente, se bajó en la misma parada que nosotras, el resto del micro entero seguía a Tilcara.
Yo no conocía ese lugar, así que con mi coequiper arrancamos a caminar con las mochilas que pesaban media tonelada cada una y las espaldas ardidas. Llegamos a una esquina y ahí apareció él. Imagínense a qué nivel estaba idiotizada que empezó a preguntarnos si sabíamos dónde quedaba la plaza o el centro, pero yo estaba convencida, no sé en qué extraña parte de mi cerebro, de que el pibe no era de acá y era francés o alemán y que como hablaba raro yo no iba a entenderle, mientras tanto mi acompañante cruzaba palabras sin que yo supiera por qué ella si le entendía.
El joven era madrileño (es), no era ni ruso ni paquistaní y a partir de ese momento yo ya tenía el corazón empeñado y sin recibo para ir a buscarlo. Nos acompañó al camping y nos pidio dejar sus dos mochilas con todas sus cosas en mi carpa, después volvió, nos metimos todos a la pileta y más tarde levantamos la carpa (que armamos 100% al pedo) y nos fuimos los tres a un hostel en Tilcara.

Con él pasé el día de las comadres en Tilcara, el carnaval en Humahuaca, el viaje de noche y con lluvia a Yruya, la vuelta de día con el micro vacío, siempre hablando de nuestras vidas, en algunos momentos con algunos besos de condimento.
Nos separamos en Humahuaca con la promesa de volver a vernos y así fue. Una semana después, ya en Buenos Aires logré contactarlo para que pasara su última noche en el continente americano en una casa amiga y no en un hostel, con comida casera y sábanas con olor agradable.
Pero como todo, a la mañana se tuvo que ir y lo lamenté. Lo lamenté realmente muchisimo. Seguimos hablando algún tiempo y después se acabó y ahí lo lamenté más.
Me la pasé llorando y extrañando la posibilidad de estar juntos todo el año. Un año entero usándolo como unidad de medida para una y cada una de las personas que se me cruzaron y me cansé y me aburrí de estar esperando lo inesperable, así que a modo de cierre les regalo esta foto y esta historia, de alguien que una vez más conocí de viaje pero nunca se pudo dar más allá de eso.



"el rumbo de tus sueños
coincide con mis pesadillas"