Una de las cosas más maravillosas de los viajes es la sorpresa constante. Aveces muy gratas, aveces sorpresas desastrozas, otras veces sorpresas sorpresivas... una constante que nunca falla.
Un año, uno más de mis años norteños, habíamos planeado, estando en Amaicha del Valle (o "Amaicha City" como le habíamos apodado) ir desde ahí a las ruinas de los indios Quilmes y desde ahí a Cafayate (ya Salta), pero por estas vueltas sorpresivas del destino viajero conseguimos una impensada escala intermedia.
Para los que nunca fueron, las ruinas de los indios quilmes pertenecen (Al igual que el Pucara de Tilcara) a ese tipo de ruinas "restauradas", pero más que restauradas, rearmadas al punto que se puede poner en duda algunas cosas que vemos en ellas a simple vista. Restauraciones estéticas, no historicas. Para vender mayormente, no para guardar registros históricos.
Conseguimos en la farmacia de ese bello pueblo un volante que decía que, por una suma ínfima de dinero, ese trayecto que queríamos hacer estaba pensado.
Pero al otro día por la mañana, Antonio, el que hacía esos viajes nos dijo que no había nadie más aparte de nosotras que quisiera hacerlos, pero que nos ofrecía hacer el otro "tour" un poco más caro, pero que incluía Colalao del Valle y El Pichao junto con las ruinas de los Condor Huasi. Ambas viajantes aceptamos ... y ahí comenzaron los cambios de planes y algunas impresionantes sorpresas...
Ya en viaje llegamos a las ruinas de Quilmes. Imponenetes. Esa es la palabra que la describe para los que no vivimos cerca de Cuzco o nunca fuimos por ahí. Parece chiste pero la energía se siente y recorríendolas uno empieza a entender cómo los Españoles no pudieron con ellos hasta mediados del 1600.
Comimos algo, mientras unos jejenes del tamaño de cucarachas voladoras zumbaban en mis oídos, como haciéndome saber que ese lugar me pertenece muy poco y el "estás de paso" suena mejor. ¿el paisaje? descampado, increíble, alucinante...
Continúa el viaje con Antonio y sus tres pequeños. Solamente me acuerdo los nombres de dos de ellos, el más grande Leopoldo y la más pequeña María Eugenia (de 4 o 5 años). Y llegamos a Colalao del Valle... Nos sentamos los seis a comer, y mientras tanto Antonio nos contaba cosas de la provincia, de qué había pasado en los últimos diez años por ahí, qué cosas veía que le iban pasando a las comunidades indígenas que quedaban mientras el turismo aumenta aumenta y aumenta.
Termina la comida, la gaseosa y los niños haciendo lío en el patio de la señora que gentilmente nos alimentaba y al pichao, a dejar las mochilas, a seguir con esa "confianza absoluta" que uno tiene por esos lugares (confianza tan poco capitalina).
El Pichao resultó ser un pueblito diminuto de cuento, de callecitas con mini puentecitos en los ríos, con fiestas del membrillo, gente que tenía luz eléctrica desde hacía demasiado poco tiempo y te saludaban por la calle siempre, aunque no te conocieran, como gesto de cordialidad (guarda con no devolver esos saludos).
Bajamos de la camioneta y Antonio en vez de cerrar ventanas y puertas o buscar llaves para "hermetizar" su auto, empezó a bajar los vidrios... nos miró y nos dijo "para que ellos confíen en mi, tengo que mostrarles que yo confío en ellos".
Y a empezar a caminar, a cruzar un río (señor Río) y ahí entendí todo, lo de la confianza infinita, lo de las concesiones a las ruinas de hace siglos a empresas extranjeras o locales para que hagan lo que quieran (Como en las de quilmes que hasta hotel 4 estrellas tiene). Ahí frente a nosotros estaban las ruinas de los Condro Huasi (que significa "casa de cóndores").
Cuando nos paramos en frente lo único que vimos fue un cerro... a lo cual nos miramos con mi compañera como pensando que nos habían currado. Ahí no había nada... no había nada restaurado, no había nada con el "efecto hollywood". empezamos a escalar el cerro, no tenía camino hecho así que se hizo muy complejo, más de una vez casi caigo rodando de unos cuantos cuantos cientos metros de altura, pero no, no pasó. Los cactus que había en todo el recorrido llegaban a los 3 metros de altura (parecían esos de los dibujitos animados jaja).
Seguimos subiendo a pesar del cansancio, a pesar de la advertencia de Antonio de "traten de no pincharse con un cactus que no sabemos si son alérgicas y sin corticoides acá arriba se mueren..." glup. A pensar de todo, seguimos, nos metimos en sus "pucarás", esos pseudo balconcitos para ver cuándo hay enemigos, levantamos cerámicas que pertenecían por lo menos de hace 400 años atrás, y las volvimos a dejar en el lugar (como se debe) hasta que en un momento, muy cerca de lo más alto, los tres nos sentamos a mirar y ¿qué vimos muy muy muy cerca nuestro? dos cóndores planeando, parecía que nos planeaban a nosotros, parecían extras en una excelente película.
La foto de hoy, me la sacaron con Antonio, en ese preciso momento que los mirábamos planear a metros nuestro...
Después de ese día puedo decir que viví una de las caminatas más hermosas de toda mi vida que logró llenarme todos los sentidos.
¡Gracias Antonio! (por donde quiera que andes ahora)
Un año, uno más de mis años norteños, habíamos planeado, estando en Amaicha del Valle (o "Amaicha City" como le habíamos apodado) ir desde ahí a las ruinas de los indios Quilmes y desde ahí a Cafayate (ya Salta), pero por estas vueltas sorpresivas del destino viajero conseguimos una impensada escala intermedia.
Para los que nunca fueron, las ruinas de los indios quilmes pertenecen (Al igual que el Pucara de Tilcara) a ese tipo de ruinas "restauradas", pero más que restauradas, rearmadas al punto que se puede poner en duda algunas cosas que vemos en ellas a simple vista. Restauraciones estéticas, no historicas. Para vender mayormente, no para guardar registros históricos.
Conseguimos en la farmacia de ese bello pueblo un volante que decía que, por una suma ínfima de dinero, ese trayecto que queríamos hacer estaba pensado.
Pero al otro día por la mañana, Antonio, el que hacía esos viajes nos dijo que no había nadie más aparte de nosotras que quisiera hacerlos, pero que nos ofrecía hacer el otro "tour" un poco más caro, pero que incluía Colalao del Valle y El Pichao junto con las ruinas de los Condor Huasi. Ambas viajantes aceptamos ... y ahí comenzaron los cambios de planes y algunas impresionantes sorpresas...
Ya en viaje llegamos a las ruinas de Quilmes. Imponenetes. Esa es la palabra que la describe para los que no vivimos cerca de Cuzco o nunca fuimos por ahí. Parece chiste pero la energía se siente y recorríendolas uno empieza a entender cómo los Españoles no pudieron con ellos hasta mediados del 1600.
Comimos algo, mientras unos jejenes del tamaño de cucarachas voladoras zumbaban en mis oídos, como haciéndome saber que ese lugar me pertenece muy poco y el "estás de paso" suena mejor. ¿el paisaje? descampado, increíble, alucinante...
Continúa el viaje con Antonio y sus tres pequeños. Solamente me acuerdo los nombres de dos de ellos, el más grande Leopoldo y la más pequeña María Eugenia (de 4 o 5 años). Y llegamos a Colalao del Valle... Nos sentamos los seis a comer, y mientras tanto Antonio nos contaba cosas de la provincia, de qué había pasado en los últimos diez años por ahí, qué cosas veía que le iban pasando a las comunidades indígenas que quedaban mientras el turismo aumenta aumenta y aumenta.
Termina la comida, la gaseosa y los niños haciendo lío en el patio de la señora que gentilmente nos alimentaba y al pichao, a dejar las mochilas, a seguir con esa "confianza absoluta" que uno tiene por esos lugares (confianza tan poco capitalina).
El Pichao resultó ser un pueblito diminuto de cuento, de callecitas con mini puentecitos en los ríos, con fiestas del membrillo, gente que tenía luz eléctrica desde hacía demasiado poco tiempo y te saludaban por la calle siempre, aunque no te conocieran, como gesto de cordialidad (guarda con no devolver esos saludos).
Bajamos de la camioneta y Antonio en vez de cerrar ventanas y puertas o buscar llaves para "hermetizar" su auto, empezó a bajar los vidrios... nos miró y nos dijo "para que ellos confíen en mi, tengo que mostrarles que yo confío en ellos".
Y a empezar a caminar, a cruzar un río (señor Río) y ahí entendí todo, lo de la confianza infinita, lo de las concesiones a las ruinas de hace siglos a empresas extranjeras o locales para que hagan lo que quieran (Como en las de quilmes que hasta hotel 4 estrellas tiene). Ahí frente a nosotros estaban las ruinas de los Condro Huasi (que significa "casa de cóndores").
Cuando nos paramos en frente lo único que vimos fue un cerro... a lo cual nos miramos con mi compañera como pensando que nos habían currado. Ahí no había nada... no había nada restaurado, no había nada con el "efecto hollywood". empezamos a escalar el cerro, no tenía camino hecho así que se hizo muy complejo, más de una vez casi caigo rodando de unos cuantos cuantos cientos metros de altura, pero no, no pasó. Los cactus que había en todo el recorrido llegaban a los 3 metros de altura (parecían esos de los dibujitos animados jaja).
Seguimos subiendo a pesar del cansancio, a pesar de la advertencia de Antonio de "traten de no pincharse con un cactus que no sabemos si son alérgicas y sin corticoides acá arriba se mueren..." glup. A pensar de todo, seguimos, nos metimos en sus "pucarás", esos pseudo balconcitos para ver cuándo hay enemigos, levantamos cerámicas que pertenecían por lo menos de hace 400 años atrás, y las volvimos a dejar en el lugar (como se debe) hasta que en un momento, muy cerca de lo más alto, los tres nos sentamos a mirar y ¿qué vimos muy muy muy cerca nuestro? dos cóndores planeando, parecía que nos planeaban a nosotros, parecían extras en una excelente película.
La foto de hoy, me la sacaron con Antonio, en ese preciso momento que los mirábamos planear a metros nuestro...
Después de ese día puedo decir que viví una de las caminatas más hermosas de toda mi vida que logró llenarme todos los sentidos.
¡Gracias Antonio! (por donde quiera que andes ahora)

prefiero los caminos
a las fronteras...

5 comentarios:
Che, qué bueno realmente que hayan podido conocer El Pichao... Yo soy tucumano y todavía no pude visitar ese sitio...
Si, conocer el pichao fue el pequeño lujo de ese viaje y recorrer las ruinas de los condor huasi fue mágico. Ese lugar es mágico.
De que parte de tucuman sos?
Soy de San Miguel de Tucumán... Muy interesante el blog.
Muchas gracias!!
Son las 2 de la mañana...vengo de un finde movido,practicamente sin dormir...y me encuentro con un mensaje camino a casa que me arranca una sonrisa tan feliz y vergonzoza como genuina y con un blog que,lejos de forzarme a dormir como lo requeria mi animo,hizo que me quede leyendo absolutamente todo(hasta los comentarios de las fotos y el profile,con eso te digo todo).
Amè todos y c/u de los relatos,me sumergi dentro de cada linea,me sentì en cada lugar y me vì en cada situacion...los dioses saben cuanto amo viajar(en todas sus acepciones)y cuanto disfruto y aprendo de todo eso.
Anecdotas para compartir(aparte de las que ya hablamos y nos quedan por hablar)?Muchas,muchisimas.
Espero(y me gustaria)que podamos compartirlas juntos y poder crear las nuestras propias en el camino...
Muchos besos!!
Nos estamos viendo mucho mas pronto de lo que crees...
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